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Relacionándonos Con Los Miedos

Relacionándonos con los miedos

¿QUÉ PUEDO HACER PARA SER LIBRE? (¿Cómo me relaciono con mis obstáculos/miedos/preocupaciones  para que no me bloqueen?)

Más y más me doy cuenta que la única manera de hacerlo es Sentirlos. Escucharlos. (Escuchar para qué están los miedos, para qué se muestran). Estoy hablando aquí, no de fobias o miedos por la propia supervivencia, sino de miedos más “pequeñitos” de los que son comunes a todos nosotros, como por ejemplo el miedo a un cambio de trabajo, a una entrevista, a tener una conversación con cierta persona, a  un cambio de ciudad… etc.

El miedo, como emoción, no es ni buena, ni mala. No voy a decir que sea “disfrutona” como otras emociones, pero depende (como todo) desde el ángulo en el que se mire.

Me he dado cuenta de que no vale de nada negar que “tengo miedo” a algo. También me he dado cuenta de que por mucho que quiera que, una vez reconocido que tengo miedo, éste se esfume, tampoco sirve de nada, pues no se va. Llegados a este punto de inflexión me planteo, que ya que he probado las estrategias que sé y no me sirven nada más que para el corto plazo, ahora estoy probando una nueva estrategia: escucharlo activamente.

Hay un ejercicio de escucha del miedo que me gusta mucho que hago en soledad, en un lugar tranquilo, y lo único que necesito son tres sillas. También se puede hacer  con una persona de confianza. El ejercicio consiste en sacar al miedo, preocupación o a cualquier cosa que no nos permita avanzar hacia adelante fuera de uno mismo, con el objetivo de escucharle activamente:

Tras unos minutos de meditación en silencio, y en contacto con mi respiración, lo saco fuera de mí, y lo siento (me siento) en una silla vacía, previamente elegida por mí, y le voy preguntando: ¿Y tú miedo, que me quieres decir? ¿De qué me quieres alertar? ¿Qué te preocupa? ¿Tienes miedo de qué me pase algo? Y.. ¿Qué crees que podría ser esto tan malo que me pudiera pasar?.. y cualquier otra pregunta que acuda a mí en ese momento. También le pregunto cuáles son las emociones que  surgen en mi a medida las preguntas van siendo contestadas, y en qué parte de mi cuerpo las localizo. El objetivo de ello es clarificar qué es aquello de lo que el miedo o preocupación me está alertando, dónde se localiza en mi cuerpo y cómo me hace sentir. Una vez que sienta que el miedo, o lo que quiera que sea que me preocupe en ese momento, ya no me tiene más que decir, pues ya se ha sentido escuchado, le doy las gracias, anoto lo más relevante, y cambio de silla.

En esta segunda silla y tras un pequeño centramiento, siento (me siento) a mi situación ideal, es decir, a mis ilusiones, mis motivaciones, lo que me da alegría, lo que me hace sentir bien. A la situación que sea, en la que ya no siento miedo, es decir, ya he superado los obstáculos que me bloqueaban. Aquí me dejo sentir lo que surge en el momento, emociones, pensamientos…también lugares u olores.. ¿Cómo me siento aquí y ahora? ¿Cómo siento el cuerpo? Una vez que también he escuchado a mi situación ideal, también le doy las gracias por lo que ha experienciado.

Me coloco ahora en pié, frente a mi miedo y mi situación ideal  y dejo que surja el diálogo entre ellos ¿Qué se dicen el uno al otro? ¿Qué tono emplean? ¿Cómo se tratan? ¿Qué lenguaje utilizan? ¿Y qué tono emplean? ¿Es un tono agresivo… condescendiente…amable… se siente superior el uno al otro..? Me muevo entre ambas sillas, de la una a la otra.  Permito que fluya el pensamiento libre, hasta que el miedo no tenga nada más que decir a mi situación ideal, y mi situación ideal nada más que decir a mi preocupación.

Para terminar el ejercicio, me siento finalmente en la tercera silla, situada en el vértice del triángulo entre mi miedo y mi situación ideal. Desde aquí observo, con la mente calmada y serena, como siento ahora el cuerpo, y qué emociones y pensamientos surgen después de lo acaecido.

El miedo es un buen indicador de por dónde crecer, por ello considero que es importante escucharlo, escuchar a esa parte de nosotros mismos que no queremos ni oir hablar.

Realmente, ¿qué tan malo puede ser de nosotros qué no queramos saber? ¿No es mejor conocernos cuanto más mejor, que vivir en sombra? Y si lo que surge nos da un poco de vergüenza… Como decía un amigo…¿no es mejor estar una vez rojo que amarillo toda la vida??

En La Pereda, a 15 de abril de 2018

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